El pasado fin de semana tuve la oportunidad de cubrir Austin City Limits, un festival que es un “must” para prácticamente todos los que viven en esta gran ciudad de Texas, familias completas incluidas. 

Entrada principal de Austin City Limits

Tengo que confesar que el día 1 para mí era el que mayor expectativa generaba, pues Paul McCartney se presentaría ante miles de fans que como yo, llevaba años queriendo verlo en vivo. Pero antes de irme directamente al headliners del día, les cuento los mejores momentos que viví al llegar a ACL. 

La seguridad cada vez se pone más estricta en las entradas. Se entiende por la situación que se ha vivido en los últimos años en Estados Unidos, sobre todo en eventos masivos como este. Sin embargo, el ingreso no fue tardado. 

Mi temor era que ese día se pudiera cancelar por amenaza de lluvia. Mi sorpresa fue que de los tres días, ese fue el más soleado. El calor era intenso cuando llegué. Fui directo a ver a BORNS, quien no decepcionó con su voz única y su setlist tranquilo pero incomparable. La gente se prendió cuando cerró con “Electric Love”, una de las favoritas de todos. No se si hice bien o mal, pero me perdí a David Byrne, otro grande que no he podido ver en vivo. Será en otra ocasión…

Después de disfrutar de Manchester Orchestra, quienes tocaron canciones como “The Moth”, “The River” y “Gold”, me fui al escenario principal de American Express a ver a The National. Otra banda que nunca había visto en vivo. Comenzaron con “Nobody Else Will Be There” y siguieron con su envolvente sencillo “The System Only Dreams in Total Darkness”. Cerraron su setlist con “Terrible Love”. 

Para cuando terminó The National, una había gente separando un buen lugar para Paul. Yo no podía darme ese lujo. Aún quedaban más bandas por ver. Entre ellas, Brockhampton y algo de Father John Misty. Además, había que hidratarse un poco y disfrutar de la gran variedad de comidas que hay en el festival. La mayoría de los puestos ofrecían comida Texana, tipo Nachos, tamales, tacos. Todos muy buenos. 

Por fin estaba llegando el momento. Una hora antes de las 7:45pm, me fui al American Express stage a separar mi spot. Por suerte encontré un buen lugar. Ahora solo había que esperar. Esperar de pie, mientras veía como familias, gente joven, pero sobre todo gente más grande estaba ansiosa por ver a un ex-Beatle salir y tocar frente a ellos.

De pronto, una guitarra gigante aparece en las pantallas del escenario. Sale Paul McCartney y la gente se vuelve completamente loca. “A Hard Day’s Night” comienza a tocar.

Después de “Junior’s Farm” y “All My Loving”, pudimos escuchar su más reciente sencillo “Come On To Me”, una canción que ha llevado a ‘Egypt Station’ a los primeros lugares en venta en todo el mundo.

Canciones clásicas como “Maybe I’m Amazed”, “Band on the Run” y “Nineteen Hundred and Eighty-Five” también sonaron. Pero cuando realmente enloquecimos fue con los fuegos artificiales en “Live and Let Die”. Quisiera decir que este fue el clímax del concierto, pero en realidad cada canción lo era.

Cuando comenzó “Hey Jude” me emocioné y me preocupé. Me emocioné por ver como todos, absolutamente todos coreaban la canción. Por un momento esto era una utopía. Me preocupé porque sabía que el final se acercaba. Y sí. Paul se retiró para volver con el encore.

El final estaba llegando, y que mejor trío de canciones para cerrar que “Golden Slumbers”, “Carry That Weight” y “The End”. Que en realidad son una sola canción, pero cada una te emociona de forma distinta. Es inevitable no emocionarse en los últimos instantes de “The End”.

Con un setlist que combina todas las épocas de las que ha formado parte, Paul McCartney logra cautivar a toda su audiencia, sin importar edad. Beatles, Wings y sus canciones como solista son parte de su show. Un show que está pensado con mucho detalle. Está pensado para que quien lo vea en vivo se vaya sorprendido y queriendo más. Un show pensado para que quien lo ve se vaya diciendo “fue el mejor concierto de mi vida”. Y lo fue.